23 de febrero de 1981, 45 años después.

23 Feb, 2026 | PAMA

La Plataforma de Acción por la Memoria de Aragón (PAMA) hoy, 23 de febrero, recordamos uno de los mayores ataques contra la democracia en la historia reciente de España. El intento de golpe de Estado de 1981 no fue un episodio aislado: fue un intento deliberado de imponer por la fuerza lo que no se había conseguido en las urnas.

El intento de golpe de Estado encabezado por Antonio Tejero fue la expresión más extrema de una derecha autoritaria que no aceptaba la pluralidad política ni el mandato de las urnas. El asalto al Congreso buscó quebrar la voluntad popular e imponer por la fuerza un proyecto excluyente.

Aquella noche, la respuesta firme de las instituciones evitaron que España retrocediera décadas. La democracia resistió. Y resistió porque la mayoría social creyó —y cree— en la libertad frente al autoritarismo.
Hoy vemos cómo fuerzas de ultraderecha vuelven a cuestionar abiertamente la legitimidad del Gobierno cuando no comparten su composición, cómo se desacredita al Parlamento, cómo se difunden teorías de fraude sin pruebas y cómo se normalizan discursos que atacan derechos conquistados durante décadas. Vemos cómo se banaliza el franquismo y se trivializa el golpismo en tertulias, redes y tribunas públicas.

No hablamos del pasado. Hablamos del presente.

Cuando se siembra la desconfianza sistemática en las instituciones, cuando se alienta la idea de que solo es legítimo gobernar si gobiernan “los nuestros”, se está erosionando el mismo consenso democrático que estuvo a punto de romperse el 23-F.
El 23-F nos recuerda que el autoritarismo nunca desaparece del todo: muta, se adapta y busca nuevas formas de penetrar en la vida pública. Por eso no basta con recordar; hay que actuar. Defender la democracia implica señalar con claridad a quienes la erosionan.

No aceptamos nostalgias del franquismo.
No aceptamos discursos que trivializan el golpismo.
No aceptamos que se blanquee a quienes desprecian el marco constitucional.
Hoy reafirmamos nuestro compromiso inequívoco con el Estado de Derecho y con una España plural, diversa y democrática.
El 23 de febrero nos enseñó que la democracia puede ser atacada.
El presente nos exige defenderla sin complejos.
Frente a la ultraderecha y sus intentos de deslegitimar el sistema, más democracia.
Más derechos.
Más firmeza.
Porque la democracia no se hereda: se protege.

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